
Mi experiencia con IATI Seguros fue mucho peor de lo que jamás habría imaginado. Después de un tiempo confiando en este seguro mientras viajaba por Australia e Indonesia, lo que viví en abril de 2024 en Perth fue una auténtica pesadilla. Lo que comenzó con una simple urgencia médica —la inflamación de la glándula de Bartolino (una pequeña glándula que, cuando se inflama, genera un dolor insoportable y requiere drenaje quirúrgico)— se convirtió en una odisea que pondría a prueba la paciencia de cualquiera.
En solo dos días, la inflamación empeoró tanto que terminé en urgencias, donde me informaron que la única solución era operarme para drenar la glándula. Hasta ese momento, IATI respondió bien y aprobó la urgencia. Sin embargo, lo peor estaba por llegar.
Cuando envié el informe médico para que aprobaran la cirugía, el seguro se lavó las manos. De repente, los operadores comenzaron a pasarse la responsabilidad de unos a otros, con la excusa de que, según mi póliza, yo residía en Australia y no cubrían a personas residentes. ¡Atención a esto! ¿Cómo es posible que después de tantos meses de viajes por diferentes ciudades, en Australia, en Indonesia, siempre en movimiento, y habiendo residido en España, me consideraran residente de Australia? Pensé que podría haber sido un error mío al indicarlo así en los datos personales que hay que dar cuando compras un seguro de viaje, pero NO, fue un error que en ningún momento cometí, pero que IATI no quiso reconocer.
Ahí empezó una auténtica pesadilla de 20 llamadas (sin exagerar) entre Australia y España (imaginad la factura) , mientras el dolor era cada vez más insoportable. Los operadores no hacían más que ponerse excusas unos a otros, y tras varios intentos fallidos, tuve que recurrir a mi familia en España. Mi madre, desesperada por ayudarme, hizo más de 60 llamadas (de nuevo, no exagero). Lo más increíble es que no le querían dar información porque yo era mayor de edad, a pesar de que había enviado un correo autorizándola a hablar en mi nombre. Esto, sumado a que insistían en que yo “residía en Australia”, les llevó a exigir a mi madre el empadronamiento de mi residencia en Bilbao.
Y aquí entra otro punto vergonzoso: mientras mi familia intentaba resolver esta situación desesperante, una operadora llamada Natalia duplicaba la identidad de sus compañeros, los menos experimentados, para tomar control de mi caso y responder lo que ella consideraba conveniente, en lugar de dar una solución justa. Esta conducta de manipulación interna no solo agravó la situación, sino que me hizo sentir completamente desprotegida por una compañía que debería velar por mi salud.
Todo esto en menos de 24 horas, con la cirugía programada, y con la salud y el bienestar de una persona de por medio. Finalmente, el mismo día de la operación, mi madre me informó (ya con la bata de hospital puesta) de que IATI se iba a hacer cargo de la operación. Y que esto ocurriera, solo fue posible porque el siguiente paso de mi familia fue hablar con sus abogados e informar al seguro de que iba a llevar el caso a juicio. Cuando mencionamos esta intención, mágicamente todo empezó a moverse, pero no sin antes haber pasado por dos días de una angustia increíble, tanto para mí como para mi familia.
Se estimaba que el costo de todo el proceso (ingreso en el hospital, sedación, medicamentos, cirugía) fuesen unos 9000 AUD (unos 5000 euros) y, aunque el costo fue menor, tuve que adelantar 4000 dólares australianos (más de 2400 euros) para poder realizar la operación, y no fue hasta después de una batalla interminable que IATI se dignó a cubrir los gastos.
Es increíblemente frustrante que una compañía de seguros, cuya función principal es estar ahí cuando más lo necesitas, te abandone en un momento de máxima vulnerabilidad. Puedo decir con toda seguridad que IATI NO es el seguro que recomendaría a nadie que planee viajes largos o situaciones donde una urgencia grave pueda ocurrir. Para pequeñas consultas médicas, sí, cumplen, pero si necesitas asistencia real, especialmente en un país con costos elevados de salud como Australia, prepárate para enfrentarte a una compañía que pondrá su beneficio económico por encima de tu bienestar.
Y aquí quiero hacer una reflexión importante. Como una mujer de 32 años, sin antecedentes médicos graves, nunca te imaginas que te pueda pasar algo así. Crees que estás en control de tu cuerpo, que este tipo de situaciones imprevistas le ocurren a otros, pero no a ti. Pero la realidad es que, por muy en forma o mucho que te cuides, estas cosas impredecibles pasan, y sí, te pueden pasar a ti. Lo que yo viví fue una clara demostración de que, por más que te cuides, siempre hay espacio para lo inesperado, y ahí es donde un buen seguro debería estar. IATI, lamentablemente, no lo estuvo.
Mi consejo, después de esta experiencia, es buscar otras opciones. No te arriesgues a vivir lo que yo pasé: llamadas interminables, excusas absurdas y el dolor de no saber si serás atendida en un hospital o si tendrás que soportar todo sola. IATI es una opción para cosas mínimas, pero jamás para una situación seria.
Por lo demás, todo salió bien. La cirujana fue un encanto de mujer que me apoyó y me explicó el proceso de la operación en todo momento. Al día siguiente de la operación me llamó y se preocupó por saber si estaba bien. Dentro del susto, todo salió lo mejor que podía haber salido.
